Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años14. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro15, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímilesII se deja entender que se llamaba «Quijana»III, 16. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto17, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en queIV leer18, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo.
Su Su pelo castaño, espeso, y cortado en melena larga; cutis atezado y rostro en óvalo, con labios finos y colorados, y dientes menudos, apretados y blancos; estatura regular; pechos moderados, erectos y duros; esbelta y ágil; viva en sus movimientos y presta y delicada en sus ademanes. A los dieciséis años borda con primor; habla correctamente el francés; toca el piano con gusto; tiene afición a la música y canta con bonita voz; la música que más le agrada es la de Mozart; ha estado cuatro años interna en las concepcionistas de la dicha ciudad de Agreda; sabe también elaborar almíbares, pastas y frutos de sartén, y puede disponer como futura ama de casa, una comida selecta en limpia mesa...
Azorín
